Pedagog�a
unamuno | 05 Enero, 2007 20:08
La teoría de la educación de Unamuno.
En “Amor y Pedagogía”, el autor, comparado con su producción anterior, (Paz en la Guerra, 1874) experimenta un giro radical, no en su filosofía, sino más bien en su estilo narrativo.
Además de las referencias contenidas en los prólogos a la obra y destinadas a explicar esta mutación, a los que más tarde aludiremos, se encuentran ya enunciadas en su correspondencia, de 1900 y 1901 mantenida con un amigo, Jiménez Ilundain1.
En la primera de ellas y en relación a “amor y pedagogía” escrita en el pensamiento del rector, puede leerse (a) un intento de descripción del nuevo estilo, así como (b) el tema del relato.
a) Sobre el estilo narrativo afirma:
“Voy a ensayar el género humorístico.
Es una novela entre trágica y grotesca, en que casi todos los personajes son caricaturescos. (...) Quiero hacer una rechifla amarga y fundir no yuxtaponer meramente, lo trágico, lo grotesco y lo sentimental”.
“Uno suelta aforismos absurdos”.
“Me esfuerzo por decirlo todo con sordina y que salga todo subrayado”
“en esta novela me salgo bastante de mis procedimientos usuales, volviendo a lo primero que hice, a la zumba con propósitos trascendentales”
y finalmente confiesa a su amigo su incertidumbre: “no se como saldrá”.
Datos sobre “Amor y Pedagogía”, se publica en 1902. No obtiene el éxito esperado por Don miguel, como muestran los 32 años que mediaron entre la primera y la segunda edición. A pesar de “encontrase en ella en germen “lo más y lo mejor de lo que he revelado después de mis otras novelas” ofrece en el llamado “Prólogo-epílogo” añadido a la impresión de 1934.
Ahora bien, Unamuno en el prólogo de 1902 ya se percató de la dificultad que entrañaba la aceptación de sus experimentos por parte de la crítica y del público, y antes de que la primera vierta sus juicios negativos sobre la novela, se encarga Unamuno de autocriticarse con dureza. En él puede leerse: “lamentabilísima equivocación”, “novela desconcertante y ambigua”, “mezcla absurda de bufonadas, cacharrerías y disparates”, “caracteres desdibujados”, estilo descuidado, etc. En efecto, son en ella frecuentes los errores de expresión, así como de elaboración del relato, en la medida en que rompe el género narrativo, al tiempo que subvierte la técnica narrativa.
Pero la inquina hacia esta obra, no en especial propiciada por estas cuestiones formales, sino por otra de fondo.
Nos estamos refiriendo al tema.
b) Este es resumido en aquella temprana carta de 1900, en los términos siguientes:
“Tratase de un hombre que se casa deductivamente para poder tener un hijo y educarlos para genio, por amor a la pedagogía”.
Llegado a esta tesitura, descrita tanto la intención como el nudo narrativo de la Novela, podemos optar por ofrecer a los alumnos, una explicación de la filosofía de la narratividad ideada por Unamuno, esto es, el “arte de la Nivolería”, o
bien pasar a explicar la concepción que le merece la pedagogía contemporánea, pues es el tema de la nivola es precisamente, la crítica previa a la pedagogía positivista y al cientificismo reinante en aquél periodo en toda Europa (Spencer, Rousseau, Pestalozzi, Herbart) para pasar posteriormente, a exponer de forma subrepticia su propia teoría de la educación.
Desarrollaremos esta segunda posibilidad, por ajustarse más a la temática del presente congreso.
Hemos de situar la crítica, en el marco a la polémica noventaiochista entorno al problema de España, llevada a cabo por los intelectuales regenaracionistas, con el fin de sacar al país del atraso cultural y llevarlo por el camino de la prosperidad tomado por el resto de las naciones europeas. Costa, Maeztu, Ganivet, apuestan por la reforma educativa dirigida por las técnicas pedagógicas positivistas dispuestas por los autores apuntados. Unamuno por el contrario, rompe con esta tendencia ridicuilizándola de forma novelesca, al ensañarse con la pedagogía educativa y por extensión de la ciencia positiva.
El objetivo de Unmanuno, se resume en el intento de poner freno a los ilimitados derechos de la investigación científica de los que se arroga el positivismo reinante en su momento y de su pedagogía con especialidad.
Al momento catabólico, le sucede otro analítico, en el que queda apuntado una nueva propuesta que puede concebirse como agustinismo pedagógico: la pedagogía es amor y el amor es el verdadero pedagogo.
Tema, el nudo y el desenlace de “Amor y Pedagogía”.
Los maestros retratados en la novela, don Avito Carrascal y don Fulgencio Entrambosmares, son dos pseudosabios armados con la ciencia positiva, de la que Unamuno acaba recientemente de renegar, y que piensan en ella como el único instrumento forjador de la revolución necesaria para la marcha de la humanidad en general y la de España en particular.
Don Avito comienza a instruir a su hijo Apolodoro, antes de encomendarle la labor a don Fulgencio. La casa del primero, es un grotesco laboratorio en el que se lleva a cabo la experimentación pedagógica sobre el hijo. Así es descrita: “Por todas partes barómetros, termómetros, pluviómetro, aerómetro, dinamómetro, mapas, diagramas, telescopio, microscopio, espectroscopio, que adonde quiera que vuelva los ojos se empape de ciencia, la casa es un microscopio racional. Y hay en ella su altar, su rastro de culto, hay un ladrillo en que está grabada la palabra Ciencia, y sobre él una ruedecita montada sobre su eje”. Don Avito controla todas y cada una de las constantes, las pulsiones, la alimentación, la higiene, con una exactitud metódica. Es el padre spencerista, frenologista, higienista, etc.. Los hechos y la previsión son su credo.
Por el contrario, Don fulgencio, es la personificación del autor tras su paso por la experiencia científica, a los hechos opone la inteligencia, y a la previsión la pasión por el descubrimiento vital. El intento de convertir al joven Apolodoro en genio, se queda en el de ser hombre, que no es minúscula faena.
La naturaleza, el amor, la parte menos científica del hombre, que ya vició el engendramiento deductivo del hijo, por mano de una madre apasionada (Marina) ganará la partida a la ciencia, dando al traste con la demostración de los beneficios de la educación pedagógica.
El resultado de la aplicación de sus teorías sobre el hijo del primero y discípulo del segundo, Apolodoro, es la infelicidad y la desgracia que cae sobre el joven. Poniendo en práctica la educación recibida, buscará el amor artificialmente, es decir, con el fin de ponerse a si mismo como material literario, por el camino de la seducción, encontrando finalmente, la tragedia del suicidio.
Descrito el tema, el nudo y el desenlace, veamos los elementos negativos de la pedagogía según la compilación realizada por el autor, antes de pasar a la propuesta positiva.
Dispositivo empleado (dialéctico).
a) Advertencia: Pedagogía, es tomado por Unamuno como sinónimo de cientificismo.
b) Contraposición Ciencia-Naturaleza: dos métodos contradictorios. Razón-sentimiento.
Objetivo: señalar los límites de la ciencia ante determinados hechos.
“no me va ha resultar un genio; he fiado con exceso en la pedagogía, he desdeñado la herencia, y la herencia se venga (...) la pedagogía es la adaptación, el amor, la herencia y siempre lucharán adaptación y herencia, progreso y tradición”.
Conjunto ciencia engloba los siguientes elementos: pedagogía, Arte, adaptación, progreso, Orden de las teorías.
Conjunto naturaleza: herencia, materia prima, amor, tradición, Orden de las Realidades.
c) ¿Contra quien dirige el ataque?, contra dos posturas:
c1) a la pedagogía experimenta, la pedagogía tomada como fin en si mismo para la cuál los educandos son considerados la materia prima de un experimento, exactamente “conejillos de Indias” en manos de los demagogos o funcionarios del Estado.
c2) a la sociología holista, que olvida al hombre en concreto, para estudiarlo como elemento de una totalidad.
Esta discriminación de la crítica puede deducirse de una lectura del prólogo a la primera edición: “a muchos parecerá está novela un ataque, no a las ridiculeces a que lleva la ciencia mal entendida y la manía pedagógica sacada de su justo punto, sino un ataque a la ciencia y a la pedagogía mismas, y preciso es confesar que si no ha sido tal la intención del autor-pues nos resistimos a creerlo en un hombre de ciencia y pedagogo-, nada ha hecho al menos para mostrárnoslo”.
d) Momento positivo:
Por contraposición, la pedagogía en justa medida según Unamuno será aquella que es concebida como no como un fin, sino como un medio dispuesto al servicio del educando y no del educador.
La pedagogía como afirma en la novela es un “biberón psíquico” una “lactancia artificial”, es decir, uno de los instrumentos de los que se vale la educación como alimento (educare) o perfeccionamiento de la naturaleza del hombre. Y precisamente el error, de Don Avito radica aquí, sirviendo de moraleja de la novela: la naturaleza es insustituible por más que lo pretenda cualquiera de las ciencias; son pues estas, un instrumento fundado en la perfectibilidad natural del hombre o en su instinto a la educación. Ambas, ciencia y naturaleza han de compatibilizarse, sin exceso o detrimento de alguno de los polos. Ambos son términos conjugados: el uno reclama al otro. “el Arte puede mucho, pero ha de ayudarle la Naturaleza”.
La pedagogía entonces según Unamuno, no puede producir un cambio radical en la naturaleza, no puede sustituirla, sino tan solo perfeccionarla, en la medida en que es una ayuda externa que puede causar aptitudes, que crea intereses conduciendo al educando por el camino de la madurez personal en un ambiente de libertad responsable.
Para Don Avito, que achaca el fracaso científico al amor “no haremos con la pedagogía genios mientras no se elimine el amor”, contrapone Unamuno su concepción, “¿y por qué no hacer del amor mismo pedagogía?”. De ahí el agustinismo o idealismo pedagógico al que antes aludíamos: es el amor el elemento primordial de la educación, auxiliado por la pedagogía, el método propuesto por el autor. “Tengamos la fiesta en paz y ahoguemos en amor, en caridad, la pedagogía”, afirma en el prólogo segundo.
En 1914, el escritor argentino, Manuel Gálvez, escribe en la misma línea antipositivista de Unamuno “La maestra normal”, suscitando una relación epistolar con Unamuno. No nos interesa el talante de la misma, pero si los nuevos datos que redondean la teoría de la educación de Don Miguel.
En carta fechada en Salamanca a 6 de Abril de 1915, ofrece nuevos datos. En ella se pone de relieve el pavor sentido por el autor ante la normalización que impone la pedagogía: “lo que importa es lo que se enseña y no el cómo. La pedagogía (...) no es sino una colección de moldes para quesos de todas formas y tamaños; más como no tiene leche ni cuajo, no hace queso. ¡La superstición del método!”.
En un artículo-comentario a la obra de Gálvez, aparecido en el diario bonaerense La Nación, dos meses después de la anterior carta y titulado “La plaga del normalismo”, refuerza la crítica al método por el método, es decir, a la exposición pedagógica de una materia sin haberse hecho cuestión de la naturaleza de la misma (el qué se enseña) y al tiempo a las didácticas que emplean el juego como método para aprender una materia, en este caso la Historia. Ha de ser la materia, según el autor, quien imponga el método y no a la inversa como pretenden los positivistas. Efectivamente, la postura de Unamuno hay que entenderla en su contexto, hoy poco sentido tiene su afirmación “basta saber bien una cosa para saberla enseñar”, es decir por intuición, y sin conocimiento alguno de las dinámicas de grupos, de la psicología de las edades, las dificultades del aprendizaje, etc. Aplicado a nuestros días, la diatriba del rector carece de sentido. No así en cambio la propuesta positiva.
Conclusiones.
el riesgo implícito a la pedagogía reside en su finalidad: la tendencia a metodizar y ofrecer un carácter exclusivamente científico a la labor educativa. Corre el peligro de ser una fórmula mecánica dispuesta para producir hombres conforme a un modelo determinado; y ello debido a la tendencia científica como saber instrumental: poner más atención a los medios que a la meta.
La crítica a la pedagogía realizada por Unamuno, es en realidad la denuncia de un determinado carácter humano: el cientificismo, incapaz de reducir en clasificaciones y tipologías una materia volátil como es la existencia humana. El autor, no reniega de la educación, sino al contrario, la estima la única forma de humanización del hombre. Pero para ello, será necesario diferenciar la educación como fábrica de hombres concretos, y la pedagogía como laboratorio experimental de masas humanas. Precisamente, la oposición de Don Miguel, obedece a la intención de hacer científica la labor educativa, denunciado lo improcedente de la ordenación y la tecnificación sistemática educativa, dado el fin al que esta destinado: formar a individuos únicos e irreductibles a un método homogéneo. “El hombre se da en espíritu” y “no es posible traducirlo en letra”, o en recetas pedagógicas. (“Recuerdo de D. Francisco Giner de los Ríos”).
El fin de la pedagogía “fundamental, la de fondo”, en contra de la anterior formalista, “es la educación del hombre, del ciudadano”, afirma en otro artículo de 1921 (Boletín de la Institución Libre de Enseñanza; 31 de enero; pp. 14-15). Precisamente en la novela, Apolodoro, es la figura a la que el exceso de la mala pedagogía ha impedido llegar a ser madura, a ser persona, en suma. Es incapaz de reaccionar y sacudirse de la tutela paterna, y en vez de tener el carácter o la voluntad necesaria para desquitarse y casarse, opta por el suicidio como válvula de escape, resultando de esta forma una sátira pedagógica mórbida.
La propuesta de fondo del autor viene marcada teleológicamente, y no puede ser más novedosa: educación personalizada, relación estrecha entre el maestro y el alumno, así como la asunción de la profesión como vocación en sentido originario: estar dispuesto a acudir a la llamada. El educador debe acercarse al educando, con el arma del recuerdo vivo de su niñez, de su adolescencia y de su juventud. Sólo este recuerdo revivido o niñez interior, que no ha de confundirse con un vácuo infantilismo, posibilitará una eficaz comunicación, un acercamiento personalizado. Así lo afirma Unamuno en la Novela que hemos seguido, y que con ella concluimos: “¿Usted no se recuerda haber sido niño, usted no lleva dentro al niño, usted no ha sido niño, y quiere ser pedagogo? Pedagogo quien no recuerda su niñez, quien no la tiene a flor de conciencia, ¡pedagogo!. Sólo con nuestra niñez podemos acercarnos a los niños”.
Los elementos de la pedagogía unamuniana son pues, el amor como base, junto a la libertad y la imaginación.