La escuela de Lope de VEga

12/20/2006

LA "ESCUELA"DE LOPE DE VEGA

El teatro de Lope de Vega no sólo alcanzó un gran éxito entre el público
 que asistía a los «corrales» sino que logró arrinconar los intentos españoles
 de «tragedia clásica» y abrir el camino a una serie de autores que habían de
considerarlo como modelo indiscutible.

Tirso de Molina

VIDA. Fray Gabriel Téllez (1584-1648) nació en Madrid. Ingresó en a Orden de
de la Merced y estuvo en América. Se dio a conocer como autor de comedias
con el seudónimo «Tirso de Molina».
 

CARACTERÍSTICAS DE su TEATRO. Tirso es, después de Lope y Calderón
la figura más importante del teatro español. Dos son los rasgos sobresalientes de 
su arte dramático: la intuición psicológica y el elemento humorístico.
Aquella da origen a poderosas individualidades
 —don Juan, doña María de Molina..—.
Su humor socarrón y malicioso cobra singular relieve  en aquellas obras
 donde deliciosas figuras femeninas recurren a divertidas astucias para
dar buen fin a sus afanes amorosos.
 

GÉNEROS y OBRAS. La mejor de sus comedias «históricas» es,
La prudencia en la mujer, en la que doña María de Molina se opone co energía "varonil"
a las maquinaciones de Jos nobles, consiguiendo salvar la coronade su hijo Fernando IV.

Las «comedias de intriga amorosa» constituyen el sector más animado
de todo el teatro de Tirso, por la gracia con que el autor dirige a menudo la
actuación de sus personajes femeninos. En El vergonzoso en  palacio,por ejemplo,
 Magdalena se declara en sueños al tímido Mireno para aletarle a que él lo haga a su vez.
Don Gil de las calzas verdes y La gallega Mari-Hernández repiten el tema
 de la joven que, disfrazada de hombre, sale en busca de su prometido;
Marta la piadosa nos presenta la astucia de la protagonista, que para no casarse
contra su voluntad finge una firme vocación religiosa.
Aprovechando elementos tradicionales, Tirso perfila por primera vezen
 El Burlador de Sevilla y Convidado de Piedra (obra atribuida) el tipo de «don Juan"
 El castigo del protagonista que muere y se condena después del banquete macabro
ofrecido por la estatua del Comendador, a quien aquél había invitado a cenar
se presenta como el justo fin de una desenfrenada vida de placeres.
Atento a la lección moral derivada del fin del protagonista, encarnación
 típicamente barroca del ansia nunca satisfecha de goces sensuales, Tirso no
 acabó de concretar los rasgos de su personalidad.
Sin embargo su potente intuición psicológica le permitió esbozar las líneas esenciales
de un tipo humano que la posteridad literaria había de recoger, interpretándolo de mil
formas diversas. Sobre don Juan han escrito, en España, Zorrila, Jacinto Grau...; en el extranjero. Moliere,
 Goldoni, Byron,Berbadr Shaw...

No hay pruebas suficientes para atribuir a Tirso El condenado por desconfiado.
 Aunque la obra gira en torno al tema teológico de la predestinación, su valor es
más bien de tipo psicológico, dado el vigor con que se halla trazada la figura del asceta
 orgulloso de su santidad, que acaba desconfiando de la misericordia de Dios —al revés de
don Juan, que se condena por demasiado «confiado»—.Guillen de Castro
Las dos partes de Las mocedades del Cid son lo más importante del teatro de Guillen de Castro.
La obra, abigarrada y confusa, puede considerarse como una de las más enérgicas y
 briosas de nuestro teatro épico.
Sus cualidades y defectos quedan de manifiesto si la comparamos con «Le Cid»,
imitación de Corneille, en la que se pierde el elemento nacional español y cobra mayor
relieve el conflicto humano entre el amor y el deber filial.

Rulz de Alarcón
Juan Ruiz de Alarcón nació en Méjico (1581 a 1639). Su desgraciado aspecto físico —era de pequeña estatura
 y jorobado de pecho y espalda— le acarreó groseras burlas de sus contemporáneos.
 Ello hizo de él tal vez un resentido, lo que explicaría que en su teatro la virtud
aparezca a menudo encarnada en tipos poco simpáticos y que, por el contrario,
los más atractivos ofrezcan algún defecto moral.
Tres son las notas distintivas de su producción: la orientación moraliza-dora, nueva
 en el teatro español, la pintura de caracteres medios —el mentiroso, el ingrato,
el maldiciente...— y el cuidado del estilo.
Entre las comedias de tipo moral sobresale La verdad sospechosa —imitada más
 tarde por Corneille en «Le menteur»—. En ella nos presenta al joven don García,
que enredado en sus propias mentiras pierde el amor de su dama y se ve obligado
a casarse con quien no quiere.
El mismo carácter moralizador tienen Las paredes oyen, donde se censura el vicio
de hablar mal del prójimo, y La prueba de las promesas, en la que se critica la ingratitud.
En general, el teatro de Ruiz de Alarcón resulta algo prosaico por su escasez de
 elementos líricos, novelescos e incluso cómicos; sin embargo, su tono mesurado
 y digno y la atildada pulcritud de su estilo, hacen que pueda considerársele c
omo el mejor discípulo de Lope, después de Tirso.


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