forolibre | 07 Septiembre, 2007 15:14
José Bergamín.
TRAS ESA PERVERSION DEL TRABAJO SUBYACE UNA EXPLOTACION REFINADALa enfermedad de los jefes constituye una forma particular de la neurosis del trabajo, con un vencimiento mortal que es el infarto de miocardio. Se trata de un conjunto de afecciones y síntomas muy diversos: digestivos, urinarios, cardiovasculares, neurovegetativos..., unidos por el mismo vínculo: el de la ansiedad más o menos consciente. Enfermedad que afecta casi exclusivamente a aquellos que ejercen una profesión que requiere, además de un “surmenage” físico excesivo y grandes esfuerzos psíquicos, un compromiso excesivo de su responsabilidad que les impulsa a identificarse con la empresa.
Alguien ha dicho que la neurosis es un modo infantil de resolver un conflicto. Por lo general, las neurosis del trabajo afectan a sujetos cuya personalidad ha permanecido relativamente inmadura o que se encuentran desplazados en un medio diferente de su medio hereditario o de sus experiencias personales. Los neuróticos del trabajo se convierten en máquinas productivas, obsesionados con vencer obstáculos y que descuidan o aplazan su evolución como personas.
La neurosis se presenta cuando las exigencias del medio y del trabajo sobrepasan las aptitudes nerviosas del sujeto y sobre todo sus capacidades de adaptación.
Llenar el tiempo, tal parece la obligación más posmoderna. Y llenarlo con actividades que otorgan sensaciones de reconocimiento social o autoestima. Pero la vida cotidiana está repleta de mediocridad. Los que padecen la enfermedad de los jefes son personas que se vuelcan en una actividad que le supera humanamente, pero que afrontan con todas sus energías. Entregados a la actividad, se olvidan de sí y de la mediocridad, mientras vuelcan sus fuerzas en una labor reconocida socialmente y les permite autoafirmarse. Estos jefes obtienen poder a cambio de su entrega, lo que inicia un círculo vicioso: a más dedicación, mayor reconocimiento propio y ajeno. En apariencia es una actitud gratificante para ellos, pero quienes sacan tajada son las empresas.
En el fondo tras esa perversión del trabajo subyace una explotación refinada fundada en los valores que se han propagado en los últimos años y entre los que se cuenta la admiración por el éxito material.
Los pacientes de esta enfermedad que amenaza con terminar con los jefes suelen ser personas alienadas, ansiosas, agresivas, estresadas que utilizan el trabajo para apartar su hostilidad reprimida y su inadaptación social. Para estas personas, el trabajo ejerce una acción similar a un narcótico, y la muerte sobreviene por sobredosis.
Un buen jefe es el que puede dar a su grupo un máximo de su seguridad emocional, mientras que todo jefe neurótico es neurotizante para el grupo y para todos los que le rodean.
El conjunto de afecciones que configuran la enfermedad de los jefes hace presa exclusivamente en personas de 40 a 60 años. Dicha enfermedad evoluciona en tres etapas, de las cuales las dos primeras son latentes y difíciles de captar. La primera fase o fase premonitora es exclusivamente psíquica, el jefe se muestra irritable, agresivo, etc. En la segunda fase o fase preclínica, el sujeto se muestra febril e hiperactivo, le aparece una fatiga que no cede al reposo y sufre manifestaciones más claramente neuróticas; el jefe duda de sí mismo o se vuelve desconfiado y presenta hipertensión, hipercolesteronemia, ligera diabetes, dolores erráticos, etc. Por último, la tercera fase o fase de los trastornos circulatorios, con hipertensión arterial e infarto de miocardio, con un final frecuente: muerte súbita.La causa de estos trastornos es la desaptación, brusca y brutal a las condiciones de existencia: el trabajo deja de ser interesante, valorizante y constituye un peso, todos los problemas se convierten en frustradores e insolubles.
La tragedia de nuestra sociedad queda ejemplificada por la propagación de esta nueva enfermedad social que refleja el daño que puede ocasionar el embrutecimiento progresivo del trabajo. Y como dijo el poeta: “¿Cuándo querrás entender / que aunque seas lo que seas / lo estás dejando de ser?”
Francisco Arias Solis
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forolibre | 06 Septiembre, 2007 01:42
Con un espíritu liberal extraordinario y con una tolerancia muy poco común, mantuvo amistad con los prohombres de todas las ideologías, como Menéndez Pelayo, Clarín, Galdós, Francisco Giner.
A Emilia Pardo Bazán se le ha calificado de “feminista precoz”. Esta mujer, adentrándose en terrenos vedados para su sexo, adoptó posturas intelectuales que ninguna mujer se había atrevido a adoptar en el siglo XIX. Dado los asuntos que trataba, así como sus circunstancias biográficas, no es de extrañar que su personalidad resultase un tanto sorprendente en su tiempo y que en muchas ocasiones fuese motivo de escándalo. La Pardo Bazán fue siempre una auténtica feminista convencida de la necesidad de mejorar la situación de su sexo, aunque también se daba cuenta de que para ello era preciso crear un tipo nuevo de mujer. Francisco Arias Solisforolibre | 05 Septiembre, 2007 14:50
Gloria Fuertes.
El panorama del mercado de trabajo español es desolador. Se ha apostado por un modelo profundamente equivocado basado en la flexibilidad externa, contratar y despedir con mayor facilidad, no mantener el empleo estable, no dar formación al trabajador, deprimir los salarios, etc. Como consecuencia de ello, el empleo en nuestro país arrastra tres grandes lacras: es insuficiente, precario y de mala calidad.
En España el coste laboral se encuentra entre los más bajos no sólo de la Unión Europea sino de la OCDE; el nivel de cotizaciones está por debajo de la media europea, sobre el PIB; la protección por desempleo es de las más bajas, el fraude fiscal es muy elevado, aproximadamente el 5,5% del PIB, según la estimación del Instituto de Estudios Fiscales; y encima, tenemos la tasa desempleo más alta de Europa. ¿Cómo hemos llegado a esta situación?
En nuestro país, se ha producido un abuso de las modalidades de contratación temporal que ha provocado múltiples efectos negativos en todos los ámbitos: el económico, el social, y el relacionado con los recursos públicos.
El elevado volumen de trabajadores temporales ha convertido el empleo en un elemento del ajuste empresarial; la incertidumbre sobre el futuro laboral junto a los bajos salarios de los trabajadores temporales debilitan la consolidación del consumo familiar y, por tanto, frenan la demanda interna y la temporalidad desincentiva la inversión empresarial en formación de trabajadores que no son estables.
Otros efectos negativos de la precariedad son: el aumento de la siniestralidad laboral, la dificultad para acceder a las pensiones, en condiciones equivalentes al resto de los trabajadores, la dificultad de acceder a una vivienda, las peores condiciones de trabajo y la percepción de salarios más bajos, etc. La inestabilidad laboral genera dependencia, dificulta el desarrollo personal y obstaculiza el desarrollo de una carrera profesional normal debido a la duración limitada de la permanencia de los trabajadores eventuales en las empresas.
Por otro lado, los contratos temporales y su remuneración están provocando una aminoración creciente en la financiación del sistema de Seguridad Social y en el sistema fiscal.
La elevada temporalidad, la rotación que conlleva y la gestión del empleo por parte de las empresas provoca una sobrecarga extrema en los sistemas de protección social. Es decir, se están asumiendo socialmente costes que son particulares y no debe olvidarse cómo esta sobrecarga se utiliza para justificar recortes en las prestaciones.
Este esquema laboral desarrollado en España, a lo largo de casi dos décadas, no es sostenible. Sus costes económicos, sociales y humanos son tremendos y los perjuicios que se anunciaban para largo plazo ya son visibles y superan con mucho las supuestas ventajas. De hecho algunos planteamientos irresponsables del estilo “es mejor un empleo precario que ninguno” se han demostrado falsos e inaceptables.
En estos años hemos “conseguido” estar a la cabeza de todos los récords negativos. Según datos de la Unión Europea tenemos una de las menores tasas de actividad y, al mismo tiempo, una de las mayores tasas de paro; somos de los primeros en tasa de desempleo masculina, femenina, de jóvenes y de mayores; somos de los últimos en el nivel de empleo de los hombres y de las mujeres; los que mayor proporción tenemos de trabajadores no cualificados, tantos masculinos como femeninos; los que tienen mayor tasa de precariedad; y los primeros en inestabilidad laboral y rotación de la mano de obra en todos los sectores económicos.
Además los cambios de empleo en España son los más elevados de Europa, casi la tercera parte de los trabajadores españoles no logra mantenerse en el empleo durante un año: las jornadas laborales medias habituales son las más largas, después de las portuguesas y somos uno de los países de la Unión Europea con mayor porcentaje de asalariados con retribuciones inferiores al umbral de la pobreza.No es posible continuar y profundizar en un modelo que no sólo no ha reducido el paro como era de esperar en unos años de crecimiento económico sino que ha provocado una gran precarización, por eso, se hace menester un modelo que priorice el empleo estable y de calidad.
La reactivación del consumo de las familias es imprescindible para el incremento del empleo. También es preciso redoblar el esfuerzo de inversión pública en infraestructuras, viviendas de protección oficial y medio ambiente y favorecer la inversión productiva frente a la especulativa. Otras de las condiciones que favorecerían la creación de empleo son: la aplicación de una política industrial capaz de incrementar la competitividad de las empresas, la reducción de las inflación poniendo en práctica políticas estructurales de precios, redistribuir el tiempo de trabajo, aumentar el gasto de investigación y desarrollo tecnológico, incrementar la inversión en formación, mejorar la calidad, el diseño y la gestión empresarial. Y como dijo el poeta: “Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan / decir que somos quienes somos, / nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. / Estamos tocando el fondo”.
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forolibre | 04 Septiembre, 2007 14:18
¡Es inútil quejarse!”
Federico García Lorca.
Respiramos al día 22.000 veces. Inspiramos y respiramos para renovar el oxígeno de nuestro organismo. Cada día van a los pulmones cerca de 12.000 litros de aire que es del que obtenemos la vida. Toda nuestra vida es eso: una aventura que gira en torno al oxígeno, y es una aventura a la que puede poner fin la contaminación...
Podemos recordar unos datos: hoy mismo, nacen en el mundo unos 150.000 niños. En la grasa de los osos polares hay DDT. En el tejido adiposo de los europeos hay 20 miligramos de insecticida. Unas 235 especies de insectos ya no reaccionan ante los insecticidas conocidos. Las golondrinas han abandonado las ciudades porque les hemos hecho el aire imposible. Unas 338 especies de pájaros están a punto de extinguirse. Uno de los 700 millones de coches que circulan por el mundo consume en 1.000 kilómetros el oxígeno que una persona necesita para respirar durante un año. De manera continua hay en vuelo alrededor de 15.000 aviones comerciales. Sólo en el despegue de uno de tipo medio se consume el oxígeno equivalente a la aceleración de 7.000 turismos. El anhídrido sulfuroso de la atmósfera ha aumentado en más del 10% en los últimos años. Aparecen nuevos agujeros de ozono. En los animales del polo se han encontrado señales radioactivas. La tercera parte de la basura que cada uno produce o tira es nociva para la salud. Las especies marinas desaparecidas superan el 20% del total. Cada año desaparecen 40.000 especies en el planeta. En los últimos treinta años, se ha destruido la mitad de toda la superficie selvática de la Tierra y, si prosigue el mismo ritmo de talas, dentro de menos de 50 años habrá desaparecido por completo. Su desaparición contribuye al aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera y a la expansión del llamado “efecto invernadero”, que también se ve favorecido por los incendios forestales que producen gran cantidad de dióxido de carbono y por la denominada “lluvia ácida”. La desertización, que hace estéril cada año una extensión de seis millones de hectáreas en todo el mundo, avanza en España más que en ningún otro país europeo. Azufre, plomo, hidrocarburos cancerígenos... todo va a ese aire, a esos 12.000 litros que todos los días pasan por nuestros pulmones y que permiten que siga esa aventura en torno al oxígeno.
Ya es de sobra conocida la irritación ocular causada por la contaminación. Pero es el aparato broncopulmonar el que más directamente se ve afectado al reducirse sensiblemente su capacidad ventiladora. En el corazón también influye aunque el humo del tabaco es la agresión más directa. Igualmente, la contaminación es la causante de las tasas de plomo en sangre... El problema más serio es que se conocen los efectos de algunos agentes nocivos; pero no de todos, ni siquiera de la mayoría, y menos, de esa masa y esas reacciones que forman nieblas, gases, sustancias tóxicas...
Y si todo eso es lo malo de la contaminación, tal vez lo peor sea, que deslumbrado por un supuesto progreso prosigamos destruyendo el mundo natural, el aire que respiramos, el agua que bebemos, los animales y plantas que nos acompañan... Nadie tan pobre como los hijos de una generación que no fue capaz de salvar ni el suelo que pisaba ni el aire que respiraba. Y como dijo el poeta: “Se quedaron solos y solas, / soñando con los picos abiertos de los pájaros agonizantes.”
Francisco Arias Solis
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forolibre | 04 Septiembre, 2007 00:26
fuera de toda nación, crea el desarraigado.”
Josep Pla.
Las características fundamentales del patriarca de las letras catalanas son la claridad, la sencillez y sus admirables cualidades del descriptor del paisaje. Su obra ha sido, según confesó el mismo, un esfuerzo por revivir la memoria de la Cataluña contemporánea, en un intento de dar fe de la época que le tocó vivir. Escribió un gran número de libros de viaje, ensayos políticos y sociológicos, novelas y biografías, dietarios y narraciones, que acusan su visión muy subjetiva y peculiar de las cosas y revelan un espíritu agudo y un temperamento humorístico y poético a la vez.
El periodista y escritor catalán estuvo muy influenciado por la cultura francesa, particularmente por Montaigne, pero los escritores que más le influyeron fueron Baroja y Azorín. Josep Pla i Casadevall nació el 8 de marzo de 1897 en la localidad gerundense de Palafrugell y murió en el Mas Pla de Llofriu, en el mismo término municipal, el 23 de abril de 1981. Pla mantuvo durante toda su vida sus raíces en su localidad natal, marcado por un localismo profundo que le vinculó siempre a su país que es el Empordá y el mar Mediterráneo. En cierta ocasión el escritor manifestó que formaba parte “de una pequeña tribu”, cuyo paisaje y gentes contribuyen a forjar su carácter. Los 84 años de la vida de este gran escritor pueden dividirse en dos partes cuyo punto de inflexión fue el fin de nuestra guerra incivil (1939), que llevo a Pla a autoexiliarse en su tierra empordanesa.Pla cursó los estudios primarios en el colegio de los hermanos maristas de Palafrugell, pasando después a los maristas de Girona para estudiar el bachillerato. En la Universitat de Barcelona empezó la carrera de Medicina que abandonó para estudiar Derecho. Su vinculación al Ateneu Barcelonés le permitió retomar una afición que le seguirá toda su vida: las tertulias.
Comenzó, a los veinte años, a colaborar en periódicos y revistas. El periódico La Publicidad le envió como corresponsal a París. A partir de entonces Pla recorrió diversos países europeos trabajando como corresponsal. En 1922 La Veu de Catalanya (diario de la Lliga) le envió a cubrir la conferencia internacional de Génova.
En 1921 es elegido diputado provincial en la Diputación de Girona, y de la Mancomunidad de Cataluña en el distrito Bisbal-Torroella, por el partido de Cambó. En 1925 se publicó el primer libro de Josep Pla Coses vistes, que es una recopilación de artículos publicados en Barcelona. Después de trabajar en Madrid elaborando crónicas parlamentarias durante la II República, el día del golpe del general de Franco, le sorprendió en el Mas Pla. Tras pasar unos meses protegido del bando republicano en su mas de Llofriu decidió marchar de España. En octubre de 1936 viajó a Marsella con Adi Enberg, con quien compartió quince años de su vida, y después a Italia. Tanto en Francia como en Italia se dedicó a colaborar con el SIFNE, servicio de espionaje de Franco en el extranjero. No fue hasta 1937 que volvió a la España Nacional para trabajar en el “Diario Vasco” que dirigía Manuel Aznar en San Sebastián. Ambos llegaron a Barcelona a finales de enero de 1939 con las tropas franquistas y recuperaron el diario La Vanguardia, en el que, al mes siguiente, publicó su artículo “Retorno sentimental de un catalán a Gerona”, iniciando un período de autoexilio entre pescadores en Begur, l’Escala y Cadaqués, cansado y decepcionado por las luchas y la situación en el país. El escritor catalán comenzó su colaboración semanal en la revista Destino que se prolongaría casi cuarenta años.
Tras de la muerte de su padre, Pla se mudó a vivir definitivamente al mas de Llofriu en 1947. En 1966 inició la edición de sus Obras completas, empezando con un libro inédito de memoria de juventud El quadern gris, apareciendo el último volumen (el que hace el número 45) en 1984. Entre ellas se cuentan Cartas de lejos, Viaje a Cataluña, Historia de la Segunda República española, Guía de la Costa Brava, Rusiñol y su tiempo, Viaje en autobús, El pintor Joaquín Mir, Humor honesto y vago, Los años, Grandes tipos, Lo que hemos comido o Ver Cataluña.
El escritor sufrió ataques a partir de 1972 por la polémica que despertó el hecho de no otorgarle el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes por su pasado franquista. “He sido uno de los escritores -decía Pla- más atacados de este país”. Pero su trabajo se vio reconocido en otros círculos, la revista “Serra d’Or” le entregó el premio de la crítica y también recibió la Medalla d’Or de la provincia de Girona, la Medalla d’Or de la Generalitat de manos de Josep Tarradellas en 1979 y el premio Ciutat de Barcelona.Después de la guerra, Pla mantiene una independencia política en su máximo posible. Encerrado en el Mas Pla -y cafés empordaneses-, se dedica a escribir su entorno, generalmente rural, y sobre la vida que pasa. Fiel a su postulado: “La primera obligación de un escritor es observar, relatar, manifestar la época que le ha tocado vivir”.
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forolibre | 02 Septiembre, 2007 23:45
Guillermo de Torre.
Guillermo de Torre se preocupa por los movimientos literarios; en lugar de hablar de figuras, prefiere hablar de generaciones; y, en general, cuando trata de acercarse seriamente a un tema acude siempre al “espíritu de la época”, que él gusta llamar “aire del tiempo” o incluso “Zeitgeist”, empleando una expresión que le es grata y que, por lo mismo, repite con frecuencia. La importancia de Guillermo de Torre es capital en cuanto establece, después de la primera guerra mundial, el puente cultural entre la vanguardia europea (especialmente Francia e Italia) y los jóvenes escritores españoles, y luego entre la vanguardia española e Hispanoamérica. Su labor como promotor del vanguardismo no tiene igual en nuestras letras.
Su obra más representativa quizá sea Literaturas europeas de vanguardia, que constituye uno de los documentos más fieles y apasionantes de los movimientos literarios de aquellos “años veinte” que Guillermo de Torre vivió con absoluta entrega.
El origen dadaísta de Guillermo de Torre se va incorporando a un ultraísmo consciente y plenamente vivido. El ultraísmo surgió en España en 1919. El 19 de febrero de tal año pudo leerse en algunos periódicos madrileños el ULTRA: Manifiesto a la juventud literaria. Lo firmaban Xavier Bóveda, César A. Comet, Guillermo de Torre, Fernando Iglesias Caballero, Pedro Garfias, Juan Rivas Panedas y José de Aroca. Y decía así: “Los que suscriben, jóvenes que empiezan a realizar su obra, y que por eso creen tener un valor pleno, de afirmación futura, de acuerdo con la orientación señalada por Cansinos-Asséns... proclaman la necesidad de un Ultraísmo para el que invocan la colaboración de toda la juventud literaria española... Nuestra literatura debe renovarse; debe lograr su ultra, y en nuestro credo cabrán todas las tendencias, sin distinción, con tal que expresen un anhelo nuevo”.
Guillermo de Torre nace en 1900 en Madrid, en la misma casa que San Isidro. Estudió la carrera de Derecho. Quiso ser diplomático pero se lo impidió su sordera. Por lo que su vocación de Exteriores la volcó en la literatura vanguardista internacional. Se le ha definido como “el Menéndez Pelayo de la literatura de vanguardia”. En la revista Cosmópolis inició una serie de artículos sobre las literaturas “novísimas” que constituirían más tarde el eje de un libro crítico capital en su momento Literaturas europeas de vanguardia (1925). Dos años antes había publicado Hélices, libro de poemas que se inscribe perfectamente dentro del ultraísmo, con atisbos dadaístas. Como poeta, Guillermo de Torre, es un cultivador de la imagen y un experimentador de la tipografía poemática. Fue colaborador de las publicaciones Ultra, Revista de Occidente, Sur y El Sol, en 1927 fundó con Giménez Caballero La Gaceta Literaria, y en 1932, con Pedro Salinas, el Índice Literario. Adquiere cada vez mayor seguridad y elegancia de estilo en su residencia en la Argentina (1927-1932) entre experiencias de arte y conferencias en las urbes de Europa, y en especial desde 1937 en Buenos Aires, lugar de su trabajo y ediciones. Fue catedrático de Literatura en la Universidad de Buenos Aires. Se casó con la pintora Norah Borges, y fue consejero de la editorial Losada, en la que dirigió la colección Poetas de España y América. Se quedó casi ciego como Borges, su cuñado. Hasta el último momento estuvo trabajando en nuevos proyectos literarios. Guillermo de Torre falleció en Buenos Aires, el 14 de enero de 1971.
Su Vida y arte de Picasso marca el fruto de su etapa de actividades en relación con la pintura. Otro de sus mejores estudios es Menéndez Pelayo y las dos Españas. En este ensayo el erudito madrileño termina por proclamar, acertadamente, “la necesidad de integración”, con voz auténticamente emotiva.
La cadencia de su prosa incisiva y la erudición viva nos ofrecen la enorme calidad de un crítico de los mejores, en su serie de ensayos titulados La aventura y el orden. A tres autores españoles se refiere su Tríptico del sacrificio (1948); Unamuno, García Lorca y Antonio Machado. Tanto los recuerdos personales como los interesantes puntos de vista, o la parte llamada “aire polémico”, unen lo apasionado con la crítica serena del autor. Otras de sus obras magistrales es Guillaume Apollinaire: su vida, su obra, las teorías del cubismo, y también es capital su obra: La problemática de la literatura.Muy interesante para los estudios de crítica son sus Claves de Literatura hispanoamericana (1959), y muy especialmente su libro El fiel de la balanza (1961), ensayos, en signos de “madurez y cosecha”, como el autor indica acertadamente. Plantea los motivos de la poesía o novela y teatro sociales, la llamada “literatura comprometida”; la erosión o, en la plástica, el “informalismo”.
Sus últimos libros Minorías y masas en la cultura y el arte contemporáneo (1963), Historia de las literaturas de vanguardia (1965), Al pie de las letras (1967), La metamorfosis de Proteo (1967), Nuevas direcciones de la crítica literaria (1970) y la recopilación Doctrina y crítica literaria (1970), acreditan lo ponderado, lo selecto, lo sereno de un crítico literario -modalidad intelectual tradicionalmente desdeñada entre nosotros-, que a su panorama universal de la erudición al día, junta la sensibilidad del poeta que siempre lleva dentro. Y como dijo nuestro vanguardista: “Mientras se esclarecen tantos misterios cósmicos, los misterios de la creación artística siguen sin revelársenos en su mayor parte”.
Francisco Arias Solis
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No se puede ser libre más que entre libres.
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forolibre | 02 Septiembre, 2007 03:20
Rosario de Acuña.
Como tantas otras escritoras del siglo XIX, Rosario de Acuña inició su carrera con un libro de poesía, aunque el género con el que triunfó fue otro, el teatro. Pese a que abandonara luego la poesía lírica, manifestaba habilidad en la reelaboración del tópico romántico de las ilusiones perdidas en “La última esperanza”. En el juego de imágenes de luz y sombra, el predominio de la sombra y la debilidad de la luz sugiere cómo la fuerza de la ilusión, proyección utópica del alma en las primeras románticas (siguiendo a Espronceda), se agota para esta poetisa, que pronostica la muerte del corazón de un modo positivista. Al mismo tiempo y paralelamente, este poema se puede leer como un lamento por la pérdida de la fe en una escritora que pronto se dará a conocer como librepensadora.
Rosario de Acuña y Villanueva de la Iglesia nació en Madrid el 1 de noviembre de 1851. Hija de familia aristocrática, de la que heredó el título de “condesa de Acuña”, que nunca utilizó. Desde la infancia padecía de graves problemas de visión. Rosario fue educada en un convento. Cuando salió, viajó por Portugal y Francia, y estuvo durante varios meses en Roma con su tío, el embajador Antonio Benavidez. Su primera publicación, La vuelta de una golondrina, salió en 1875, y fue seguida un año más tarde por la colección de poesía Ecos del alma, en ese mismo año se casó con Carlos de Lamo y Jiménez y estrenó su primera obra dramática, Rienzi el Tribuno (drama trágico que es un alegato contra la tiranía, inscrito en la corriente renovadora del teatro historicista romántico), en Madrid y en el teatro del Circo. Rosario de Acuña sigue escribiendo para el teatro con gran éxito, y también publica poesía cómica y tratados sobre la naturaleza y la vida rural. “Ella ha abordado todos los géneros de la literatura -decía Benito Pérez Galdós-, la tragedia, el drama histórico, la poesía lírica, el cuento, la novela corta, el episodio, la biografía, el pequeño poema, el artículo filosófico, político y social y la propaganda revolucionaria”. En 1880 su Tribunales de venganza se estrenó en el Teatro Español de Madrid. Se separó pronto de su marido y se rodeó de librepensadores y masones, colaborando en Las Dominicales de Librepensamiento en 1885 e ingresando en la logia masona alicantina Constante Alona como Hipatía. En 1882, empieza a hacer públicas sus ideas en una revista específicamente femenina, El Correo de la Moda.
Tiene mucho éxito en el teatro, ya que fue la segunda mujer en estrenar en el Teatro Español de Madrid. Rosario de Acuña fue la primera mujer invitada a dar una conferencia en el Ateneo de Madrid. Sin embargo, después de la representación en 1891 de su drama El padre Juan, la actitud hostil de las instituciones oficiales hizo difícil su vida social y literaria en Madrid y se fue a vivir a Pinto donde tenía una finca, en la que celebraba frecuentes reuniones. Ya se había quedado casi ciega. En 1911 dos estudiantes norteamericanas matriculadas en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid son apedreadas por los estudiantes varones publica un artículo en L’Internationale de París, titulado; “Los chicos de la Facultad de Letras, son hijos de dos faldas, las de su madre y las del confesor”, este es reproducido en El Progreso de Barcelona. Se cierran todas las facultades españolas ante tal ofensa hacia los estudiantes y Acción Católica presenta una querella criminal contra la escritora. Se va a Portugal y tras cuatro años de exilio, el rey la indulta a petición del conde de Romanones. Ya en España se va a vivir a Gijón donde reside hasta su muerte, acaecida el 5 de mayo de 1923. “Dichosa usted, señora -escribía el dramaturgo Manuel Tamayo y Bauss- que puede brillar entre los hombres por su talento, y entre las mujeres por su bondad”.
Otros títulos de obras suyas son: La herencia de las fieras o Misterios de un granero, El pedazo de oro, El cazador de oso, Amor a la patria (drama trágico en un acto y en verso), Morirse a tiempo, Tiempo perdido, El lujo en los pueblos rurales, Influencia de la vida del campo en la familia, La siesta (colección de artículos), Sentir y pensar, Lecturas instructivas para los niños, El crimen de la calle Fuencarral, Odia el delito y compadece al delincuente, La voz de la patria, Avicultura (colección de artículos), Cosas mías, Carta a un voluntario español en el ejército francés en la Gran Guerra (1914-1918), España, El país del Sol, El enemigo de la muerte y El secreto de la abuela Justa.
Durante la dictadura franquista Rosario de Acuña fue abandonada al mar de los olvidos, su nombre fue suprimido de las calles de muchas ciudades españolas. Gijón supo guardar su nombre en una lápida en el Cementerio Civil y unas manos anónimas que nunca faltaron cada primero de Mayo para dejarle flores en su tumba, manteniendo hasta hoy encendida la memoria de la ilustre escritora y poetisa.
En su poema “La primera lágrima” Rosario de Acuña transforma uno de los elementos básicos del desahogo lírico en signo implacable de la crueldad de esta vida y el desvanecimiento de cualquier otra: “en tu esencia volará mi vida”, dice a la lágrima, “y en la mansión eterna del olvido / para siempre quedará dormida”. Para Acuña, las lacrimosas expansiones del alma ya no parecen muy adecuadas; en parte, por las razones que da en tono festivo -o no tan festivo- en “¡Poetisa!” Las dulces armonías, los suspiros y los llantos de la tradición femenina no le parecen en su tiempo señas de una identidad afirmativa de la mujer, sino objeto de sátira. A fin de cuentas, deja de escribir poesía lírica para no asumir aquella identidad. Y como dijo Rosario de Acuña: ¡Igualdad! ¡Casta virgen que aparece / revestida de mágicos fulgores, / y que ofrece a los hombres sus amores / mientras el alma en la ilusión se mece!”Francisco Arias Solis
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Cero tolerancia contra la intolerancia
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forolibre | 31 Agosto, 2007 21:28
Sobre el libro se viene escribiendo desde hace más de dos milenios, y aunque Plinio y Cervantes coincidieron en que “no hay libro malo que no tenga algo bueno”, por una ancestral ignorancia, aumentada hoy por una pasividad creciente, lo cierto es que se frecuentan los libros mucho menos de lo deseable.
Todavía quedan en España, sin que nadie se haya rasgado las vestiduras, casi un millón de españoles que no saben leer ni escribir. Otro dato también enormemente preocupante es que cada año nos repitan que en la cuarta parte de los hogares no se compra ningún libro y que en la mayoría de los hogares se adquieren únicamente los libros de textos para los escolares.
Pero todo ello no impide que se publiquen al año en España más de 50.000 títulos -de ellos, unos siete mil de autores extranjeros traducidos-, por cuanto nuestro sorprendente país ofrece en apariencia un hecho paradójico: las bajas cifras de lectores y de compradores españoles de libros frente a las muy elevadas de libros publicados, lo que se explica por la exportación de libros a los países de habla española en América.
La degradación creciente de los valores humanos y el progresivo desinterés por el arte y la cultura en medio de una sociedad vertiginosa -ruidos, prisas, inseguridades- y de unos hogares que han dejado de ser silenciosos no son nada propicios para el reposo y la reflexión que exige la lectura.
Los niños de ahora, saturados de “telebasura”, sin otra curiosidad que no sea la del ordenador o cualquier otro artilugio electrónico, corren el gravísimo riesgo de no ser nunca lectores, porque cuando uno se hace de verdad lector es en esa maravillosa edad que suele oscilar entre los cinco o seis a los quince o diecisiete años.
Por estas y otras razones, se hace hoy más preciso que nunca el elogio y no pocas veces también la defensa del libro, al que algunos agoreros supusieron pereclitado medio siglo atrás, y al que todavía hoy creen algunos sustituido por las imágenes, en la idea tan errónea como difundida de que una sóla de aquella vale por mil palabras.
Lo cierto es que la vida del libro -ese objeto, de apariencia inofensiva, que tanto aterroriza a inquisidores y tiranos- no ha estado a salvo de peligros. Contra el libro han conspirado los hombres de poder, analfabetos o ilustrados, que han sentido la amenaza de las ideas que transitan por las páginas enemigas. El libro ha sido sentenciado a la hoguera y a más varias formas de destrucción como si la censura o la cuchilla pudieran silenciar las voces de sus letras.
Ya el mero hecho de no leer es harto lamentable, pues, pues como dijo Marcel Prevost: “El libro que no se lee es una lámpara apagada”. Y nuestro Unamuno llegó a formular esta tremenda paradoja: “Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee”.Y es que el libro -cual sucede a menudo- no es sólo para conservarse en los anaqueles de una biblioteca pública o privada. El libro ha de leerse. Además, se hace preciso “rentabilizar” el propio valor del libro, leyéndolo tan pronto se conozca o se adquiera y, si vale la pena consultarlo o releerlo a lo largo del tiempo. No nos hemos dado cuenta todavía que poseemos en el libro unos grandes valores culturales, educativos y diversivos y que, por negligencia nuestra, no pocas veces los perdemos o los aprovechamos en mínima medida.
“La lectura de todo buen libro -decía Descartes- es como una conversación con los hombres más esclarecidos de siglos pasados; una conversación selecta en la cual nos descubren sus mejores pensamientos”. Y Quevedo nos dijo: “Retirado en la paz de estos desiertos / con pocos pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos / y escucho con los ojos a los muertos”.
Francisco Arias Solis
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forolibre | 31 Agosto, 2007 01:06
forolibre | 28 Agosto, 2007 14:53
Hace más de un siglo, en abril de 1905, Azorín, el suave y lírico Azorín, bajó hasta Andalucía. Venía a mirar, entender, explicar “La Andalucía trágica”, la que agonizaba, la que se moría literalmente de tuberculosis causada por el hambre, la de los labriegos de salario mezquino y paro “estacional” -de largas estaciones que duraban la mitad del año-, la de los caciques, engendradores de insolidaridad y de odio. Los que hablan de oídas y dicen que Azorín y los demás escritores del 98 eran “escapistas”, meros “literatos” sin sentido social, pueden leer estas páginas terribles en Los Pueblos. “Y yo he visto -escribía Azorín- estos rostros flácidos, exangües, distendidos, negrosos de los labriegos. Y estas mozas escuálidas, encogidas en un rincón, como acobardadas, tal vez con una flor mustia entre el cabello crespo. Y estas viejecitas, acartonadas, avellanadas; estas viejecitas andaluzas que no comen nada jamás, jamás, jamás....”
A los conformistas no les gustó que Azorín les recordara la existencia de esa Andalucía, y sufrió no pocos reproches; a los de hoy tampoco les gusta. A otros conformistas -con otras cosas- les desagrada igualmente que se les recuerde que no toda Andalucía es trágica, y que en ella -en toda ella- hay también otras cosas.
La rica, ubérrima, espléndida Andalucía ha venido a ser, en muchas de sus comarcas, en algunos estratos de su sociedad, muy pobre. La epidemia de filoxera que destruyó los viñedos andaluces a fines del siglo XIX fue un golpe tremendo que introdujo la crisis en forma aguda, y con ella una perturbación constante; Andalucía fue desde entonces una sociedad afectada en amplias zonas de empobrecimiento -que no es idéntico con la pobreza- y el descontento. Añádase que Andalucía, país viejísimo, ha conservado estructuras arcaicas innecesarias, derivadas de su origen en la Reconquista: los señoríos de los reconquistadores han pesado gravemente sobre Andalucía -piénsese en las ciudades ducales- y a su imagen se organizó buena parte del territorio, aun sin motivos directo para ello. Finalmente, el centralismo de la segunda mitad del XIX, al atraer hacia Madrid a las aristocracias, dejó Andalucía con una singular despoblación de lo alto, literalmente venida a menos, sin fermentos ni principios estimuladores de la vida, que le habían dado su grandeza entre el siglo XV y la época romántica. Se dirá que podían sustituirse por otros, y es muy cierto; solo añadiré que había que hacerlo y no se hizo.
Desde finales del siglo XIX, con una zona de agudización inmediatamente después de la guerra civil, prolongada hasta hace muy pocos años, Andalucía ha vivido en gran parte por debajo de sí misma. De su historia, de su realidad física, de su primores todos, de sus estratos más altos. La desigualdad española ha alcanzado en Andalucía caracteres dramáticos. La desconfianza, las soluciones exasperadas, el arbitrismo, la hostilidad, todos han hecho de las suyas en esta tierra. Olvidarlo sería ingenuidad o algo peor complicidad. Pero aquí empieza precisamente el problema.
Con una mentalidad tan arcaica como las estructuras económicos-sociales, se ha tratado durante varios decenios de enfrentarse con este problema según estos principios: cultivo a ultranza de todo el suelo, eliminando pastos, dehesas y cotos, cuanto parecía “lujoso” o “feudal”; en último extremo, emigración -al Pozo del Tío Raimundo, a Barcelona o a Alemania- de una parte importante de su población. Ahora bien, ocurre que la economía actual está más inclinada a dejar de cultivar suelos medianos que a roturar y sembrar los incultivables, a devolver al pasto y a la caza las extensiones cuyo rendimiento sólo permite subsistir a un nivel que hoy se juzga infrahumano; que el gran problema de la agricultura de muchos países es la atomización, que impide industrializarla, y se procura a destiempo la concentración parcelaria; y que la emigración suele ser uno de los caminos más seguros de la infelicidad y el desarraigo.
Los problemas andaluces, como los humanos de cualquier parte, solo pueden plantearse adecuadamente en vista de lo que está ante nosotros, de lo que está viniendo. El porvenir económico de Andalucía va a estar decisivamente condicionado por dos factores que en muchas zonas andaluzas apenas han contado hace unos años: el turismo y el desarrollo tecnológico. El país como tal -su clima, su paisaje, su belleza, su encanto humano, su arte acumulado, sus formas- se vuelve inesperadamente productivo. Y por otra parte, Andalucía, porción de España, fragmento de una Europa que se dilata y va hacia la unidad, se incorpora quiera o no a la gran empresa económica de nuestro tiempo, a la elevación de la totalidad de las sociedades a otro nivel de lo humano. Democracia y técnica han sido los artífices del crecimiento y la dilatación de Europa desde 1800; pero lo que entonces se llamaba técnica era un juego de niños; por primera vez en la historia, el señorío de la naturaleza está haciendo que el hombre, a fuerza de máquinas, sea propiamente humano.
Cuando se recorre Andalucía en 2007 se ven síntomas inequívocos de transformación. Como las flores de los almendros en la primavera temprana se anuncian tímidos signos de una próxima prosperidad andaluza. Hay que llamarla y salirle al encuentro y no dejarla marchar. Hay también que darle el alto, mirarla a los ojos y no permitirle que se lleve de calle, torpe, apresuradamente, una de las formas de vida más altas que ha alcanzado el hombre y que se llama Andalucía.
Francisco Arias Solis
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Si quieres la paz, trabaja por la justicia.
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forolibre | 27 Agosto, 2007 18:34
FORO LIBRE ULTIMA LA PROGRAMACION
forolibre | 26 Agosto, 2007 23:32
María Elvira Lacaci.
LA VOZ DE LA SENSIBILIDAD CRISTIANA.“Me parece -escribía María Elvira Lacaci- que el origen del amor que siento hacia mis semejantes es lejano. Se remonta a mi adolescencia. Hubo un libro que leí y medité con gran intensidad el Evangelio. La caridad de Cristo me impresionó grandemente. Sin embargo, en el momento en que veo a un ser humano que sufre porque no es tratado con la debida justicia y creo un poema, en aquel momento me conmueve el hombre por sí mismo, al margen de cualquier sentimiento religioso”. Si embargo, Lacaci trató en sus poemas de formular una suerte de filantropismo cristiano, y según nos había señalado, leyó y meditó el evangelio con una gran intensidad.
La poetisa María Elvira Lacaci, primera mujer en obtener el Premio Adonais (1956), nació en 1928 en Ferrol (La Coruña), de familia de marino y murió en Madrid el 9 de marzo de 1997. Lacaci vivió casi siempre en Madrid. Fue premio de la Crítica en 1964.
Entre los títulos más relevantes de su obra poética se cuentan Humana voz (Premio Adonais), Sonido de Dios, Al este de la ciudad y Molinillo de papel.Poetisa de sensibilidad cristiana intentó fundir los elementos sociales con los religiosos, lo cual hizo de ella una voz de cierto relieve en los años sesenta, como revela su inclusión en la muy conocida Antología de la poesía social, a cargo de Leopoldo de Luis (1965). En la antología de José Luis Cano, Lírica española de hoy (1992), aparecieron dos bellos poemas de Lacaci.
Mujer de una exquisita sencillez y de una extraordinaria humildad, al pedirle una explicación de su poesía social, contestó: “Se me pide que explique mi poesía social. Esto es más difícil todavía, pues siempre son los demás, los críticos, los que me dicen el “por qué” de lo que escribo, y siempre acertadamente... A veces pienso que es una lástima que la poesía social sea la más atacada (bueno, la única atacada), ya que encierra grandes valores humanos además de los poéticos”. Recordemos ahora estos versos de nuestra poetisa: “Me alejé. Entristecida, / rebeldemente / preguntando al Cielo / que por qué / si en la vida -igual que en la verbena- / hay colores, hay luces y alegría de ser / sobre los hombres, / mis ojos, / fatalmente, / habrán de ir a posarse / siempre, en las bañeras de los miserables, / para que encima / éstos me arrebaten / el poco aliento que me va quedando”.
Francisco Arias Solis
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Jamás hubo una guerra buena o una paz mala.
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Gracias.
forolibre | 25 Agosto, 2007 23:21
Rafael Alberti.
Creen algunos que la política económica elegida hace algunos años con el objetivo prioritario de maximizar la tasa de crecimiento del PIB y, por ende, de facilitar la extensión del mercado a todos los ámbitos de la vida cotidiana, es la única posible, que curiosamente coincide con la recomendada por el Fondo Monetario Internacional. Pero se hizo y se intenta seguir haciendo lo que se tenía que hacer, es decir, modernizar la economía española, asimilando modernizar a europeizar. Europa, es la gran palabra y la gran coartada para cualquier desmán.
Había que integrarse plenamente en Europa, ser como el resto de los países de la Unión Europea. Y, claro, como nos llevaban gran ventaja, el proceso tuvo que ser tremendamente acelerado. Afortunadamente, el actual Gobierno español se lo encontró casi acabado. Pese a ello nuestro país sigue estando prácticamente en la misma posición relativa en términos de PIB “per cápita” hoy que hace treinta años, ocupando el lugar 21 entre los 24 países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), habiendo experimentado incluso un retroceso con los gobiernos del PP. Por ello tampoco al inicio del nuevo milenio se puede bajar la guardia ya que todavía queda mucho por modernizar, todo lo que tienen “ellos” vendrá en el futuro, ahora la tarea urgente es “aumentar la productividad”, crear riqueza. Y, para ello, nada mejor, que continúe actuando el mercado que es el que sabe de eso.
Pero ¿había una política económica alternativa? Sí la había y la hay. Con algo más de imaginación, incluso, la desventaja de salida inicial podía haberse transformado en ventaja, pues no existe razón ineludible para que este país tenga que “copiar” al pie de la letra lo que los hermanos mayores de la Unión Europea han hecho.
Cuando España, con el estreno de la democracia, ascendió a Primera División, los nuevos dirigentes que estaban con ganas de remediar la situación heredada, se pusieron con fervor a proponer soluciones, también, las de siempre: despedir a parte de las plantillas, eliminar el exceso de distribución a favor de los salarios, flexibilizar el mercado de trabajo y disminuir el control del Sector Público sobre la economía. Algunos opinan que esa política ha sido un éxito, la economía marcha mucho mejor, y otros, no paran de felicitar por lo bien que se están aplicando “sus” técnicas.
Si no se busca el aplauso, de los menos, del exterior, sino el bienestar de los más del interior, ¿por qué no una política de expansión de bienes públicos? ¿Por qué no una política de clara reducción de la jornada de trabajo y de su reparto, de modo que se acabara antes con el desempleo? Con ésta y otros tipos de políticas que se pueden diseñar, no habría que tener tanto pánico de hacer algo diferente en nuestro país.
Nadie duda de que no fuera necesario un cambio en la estructura económica española y nunca serán pocas las gracias que hay que dar a la modernización, pero también hay que tener en cuenta que la voracidad del mercado no conoce límites y que todo lo devora, incluso aquello que es valioso y potencia la libertad y el bienestar de la gente.
Formar parte del grupo de países desarrollados es buena cosa pues no tiene ninguna gracia el ser uno de los países subdesarrollados. Y, sin embargo, siempre hay un sin embargo, se ha constatado un forma de pobreza moderna que la padecen los ricos y los pobres en los países desarrollados, menos, como siempre, los primeros. Tal pobreza, viene asociada curiosamente a la proliferación de bienes.
La pauta siempre es la misma: el crecimiento económico fundado en la expansión del mercado sin ningún tipo de control inevitablemente genera problemas, a los que también inevitablemente, encuentra una “feliz” solución que siempre consiste en extender aún más su ámbito de actuación. Y si ésta, es una descripción acertada de cómo se produce el crecimiento económico cuando se le deja al mercado que ejerza el papel rector, ¿no suenan los resultados conseguidos a las victorias que conseguía aquel Pirro, rey de Epiro? ¿Seguirán nuestros dirigentes malgastando sus fuerzas en conseguir penosamente aquéllo que ya teníamos? Y es que, como dijo el poeta: “Y fue de mal en peor / cuando engañosamente me decías: / que todo iba mejor”.Francisco Arias Solis
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El futuro se gana, ganando la libertad.
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forolibre | 25 Agosto, 2007 10:54
Federico Muelas.
No hay una hojita siquiera, de la arboleda de las Hoces conquenses, que no tiemble al recordar las voz del cantor de Cuenca. Canto que se repite sin cesar entre la piedra y el cielo de su alta y honda Cuenca, la espera y esperanza de su vida en perpetuo estado de gracia poética. Federico Muelas decía: “Venero a la tierra donde nací: Cuenca”. Apenas esto, es la breve antología de su gran obra poética y siempre escribe con inicial minúscula la palabra poeta. “Cada día me siento más impotente -escribía Federico- para saber lo que es la poesía y para precisar los caminos por donde vamos a ella”.
Federico Muelas nació en Cuenca en 1910. “Soy escritor y poeta -nos decía Federico-. También tengo las licenciaturas de Farmacia y Derecho y estudios incompletos en otras disciplinas. Periodista, frecuentador de estudios de radio y televisión, lector de locuras y razones y coleccionador de papeles. Me gusta andar caminos a trasmano y dialogar con quienes nadie habla. Tengo amigos que no me envidian y sé algunas cosillas raras que me hacen feliz. No sé ganar dinero”. Pero, especialmente, vivió enamorado de Cuenca hasta su muerte, acontecida el 25 de noviembre de 1974. Publica algunos libros: Aurora de voces altas, Vuelo y firmeza, Rodando en tu silencio, Cantando entre cielo y sangre, Llanto en el umbral, Juglaría, Postigo de la sombra, Ardiente huída, El libro de las arengas, Los míos. Fue el fundador de la revista literaria El Bergantín y el fundador de la Asociación Española de Farmacéuticos de las Letras y las Artes, de la que fue su primer presidente. Para Federico, el auténtico boticario tiene que llevar la poesía dentro de sí mismo.
Muelas es el poeta de los villancicos y un enamorado de misterio de la Navidad. En cierta ocasión, en un convento de Madrid, pronunció el Pregón de la Navidad. Tanto se entusiasmó el poeta conquense, que se extendió mucho más de lo debido. Al siguiente año, otro poeta, para recordar al pregonero del año anterior le dedicó esta cuarteta: “En el portal de Belén / habló Federico Muelas. / Al terminar, las pastoras / eran ya todas abuelas”.
Sería muy difícil situar a Federico Muelas en el cuadro de nuestra lírica. Le da lo mismo parecerse a Lope que a Salinas, a su compañeros de generación que ser un juglar para la ocasión del villancico. Muelas domina el verbo, la expresión y la forma. Recientemente se han reunido, bajo el título de Poesía secreta, los libros Ardiente huida y El libro de las arengas. “Escritos ambos en los años cincuenta - escribe Carlos Morales en la introducción-, comparecen, en primer lugar, como la principal prueba de cargo de la tan discutida aproximación del lírico conquense a las vanguardias del surrealismo, aspecto en un caso único en el contexto de la generación del 36, que en el que habitualmente ha sido ubicado por la historiagrafía literaria contemporánea”.
Siendo un enamorado de las reboticas, por ser fuente de diálogos y conversaciones, donde se vertieran las frases más ingeniosas, autorizadas o agudas, en aquel ambiente del brasero y mesa de camilla mantuvo una tertulia que denominó “el Ateneo”, a la que acudían en grata convivencia los escritores y poetas españoles de más significación, entre ellos García Nieto, Cela, Toral, Sánchez Maza, etc.
El poeta se encontraba allí donde hubiese que ser amigo de algo o de alguien, como lo demuestra el hecho de figurar como amigo de las campanas, habiéndose fotografiado debajo de una de descomunal tamaño justo con otros compañeros que se habían encaramado también en lo alto de un campanario.
Su poesía se siente hermana de toda poesía verdadera, sin otras pretensiones que las de la autenticidad con que cada verso fue escrito, vivido íntegramente, pensado en el momento justo de su necesidad para el poeta.
Su soneto de piedra a Cuenca no tiene que envidiar al soneto de mármol de Córdoba de Góngora. La Cuenca del soneto de Muelas es “aventura de cielos despeñados”. El amor a Cuenca inspiró su poesía y Cuenca es en buena parte una invención suya para la gente capaz de sentir calofrío -¡qué palabra tan suya es calofrío!- ante la contemplación de las románticas Hoces que dan realce a una ciudad encantada, con casas durmiendo en el aire, hechas de piedra y de nubes. Y como dijo el poeta: “¡Cuenca, cristalizada en mis amores!”
Francisco Arias Solis
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La peor paz es mejor que la mejor guerra.
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forolibre | 23 Agosto, 2007 19:41
Honoré de Balzac.
Esta primera idea, esta quimérica idea, de la que nos habla en 1842, al prologar con el título de La comedia humana el primer conjunto de su publicación, nos dice Balzac que le vino de la comparación entre la humanidad y la animalidad.
“El animal es un principio -resume Balzac- que toma su forma exterior, o para decirlo más exactamente, las diferencias de su forma, según el medio en el cual ha tenido que desarrollarse”.
El animal es un principio, luego el animal es una idea. De donde la idea puede resultar singularmente convertida en un animal, en un ser animal o animado. Así comprenderemos como una idea puede tener vida y aventuras para Balzac: vida y aventuras quiméricas; así comprenderemos como una quimera se realiza. El quimérico monstruo con rostro de mujer que miraba a Balzac sonriéndole, para escapársele volando a los más fantásticos cielos, se dejó alcanzar de la mano del novelista, de la poderosa mano del hombre que lo aprisionaba acariciándolo. Con un simple esquema sistemático, el gigante esfuerzo imaginativo de Balzac levantó el andamiaje de toda la novelería moderna.
Honoré de Balzac nació en Tours, el 20 de mayo de 1799. Vive de niño en un ambiente frío y desarraigado en el seno de una familia de la pequeña burguesía. Realizó los estudios primarios en el internado de Vendôme. Se traslada a París, para cursar la carrera de leyes en la Sorbona. En 1820 escribió la tragedia en verso Cromwel, que resultó un fracaso y nunca llegó a representarse, después de lo cual decidió dedicarse al periodismo como modo de subsistencia. Acuciado por las deudas escribe hasta el agotamiento. Sólo a partir de 1829 le sonríe el éxito y la popularidad. Tras haber publicado varias novelas románticas firmadas bajo diversos seudónimos y sin demasiado éxito, fue su novela histórica El último Chuan (1829), primera en aparecer con su verdadero nombre, la que le dio a conocer, logrando consolidar su fama gracias al escándalo que suscitó su libro de ensayos Fisiología del matrimonio (1830). A partir de ese momento, y hasta casi su muerte, ocurrida en París el 18 de agosto de 1850, escribió unas ochenta novelas, algunas de las cuales decidió englobar, a partir de 1848, bajo el título La comedia humana. En este ambicioso proyecto incluyó, bajo el epígrafe de Estudios de costumbres del siglo XIX, su célebre serie de “Escenas” -Escenas de la vida privada, Escenas de la vida en provincia, Escenas de la vida militar, Escenas de la vida en el campo, Escenas de la vida parisina, Escenas de la vida política (inacabada)- en las que retrata con precisión y extraordinaria penetración psicológica la sociedad francesa de la época de la Restauración.
Balzac es un narrador que, por su estilo y espíritu, encaja al final del romanticismo y como precedente del realismo de la última parte del siglo XIX. Su originalidad reside en el intento de realizar la novela absoluta reproduciendo todos los ambientes, tanto el rural como el provincial o el de la alta burguesía de París, con una minuciosidad y una exactitud científica. Destaca como creador de caracteres y por su conocimiento de la psicología de la mujer. Sus obras más conocidas son: La piel de zapa, Cuentos libertinos, El coronel Chabert, El cura de Tours, El médico de aldea, Eugenia Grandet, una de las novelas más célebres, en la que trata el sufrimiento y las mezquindades del avaro Grandet, Papá Goriot, para muchos su novela más completa, sobre un hombre de origen humilde que sacrifica todo por unas hijas que se avergüenzan de él y le explotan, La búsqueda de lo absoluto, sobre un personaje centrado hasta tal punto en sus investigaciones que olvida sus obligaciones familiares, Las ilusiones perdidas, Un proceso tenebroso, Una mujer de treinta años y La prima Bette, sobre la pariente pobre, envidiosa de los que la acogen.
El costumbrista espejismo de la vida humana, el psicologista estudio o análisis de las motivaciones que entrañan la actividad social, el historicista propósito de desentrañar de todo ello la generación real de las ideas, he aquí los tres principios científicos del genial novelista Balzac. Fácilmente comprenderemos hoy que con tan ridículas trampas diabólicas no se cazan monstruos novelescos. Pero su enumeración nos señala muy claramente el origen de la generación y de la corrupción en el tiempo de este admirable mundo balzaciano: vivo mundo de la más auténtica novelería.
Francisco Arias Solis
Gracias
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