Luis Carrillo y Sotomayor, soneto III

¡Con qué ligeros pasos vas corriendo!
¡oh cómo te me ausentas, tiempo vano!
¡ay, de mi bien, y de mi ser tirano!
¿cómo tu altivo brazo voy siguiendo?

Detenerte pensé, pasaste huyendo, 5
te seguí, y ausentástete liviano,
te gasté a ti en buscarte, ¡oh, inhumano!
Mientras más te busqué, te fui perdiendo.

Ya conozco tu furia, ya humillado,
de tu guadaña pueblo los despojos; 10
¡oh, amargo desengaño no admitido!

Ciego viví, y al fin, desengañado,
hecho Argos de mi mal, con tristes ojos,
huir te veo, y véote perdido.

Soneto que quizá se lea de otro modo si se piensa que el poeta arrastraba una enfermedad desde la adolescencia que le llevaría a una muerte prematura. Podríamos destacar el patetismo de ” te gasté a ti en buscarte”. Y contra los que piensan que esta poesía de los Sigloas de Oro es siempre convencional, olvidando que siempre se escribe -mal o bien- dentro de una convención, observese la crudeza que puede haber tras estos dos versos esritos por un poeta de poco más de 2o años:
Ya conozco tu furia, ya humillado,
de tu guadaña pueblo los despojos;

La alusión a Argos extrae su sentido del hecho de que Argos tenía cien ojos y nunca cerraba más que la mitad de ellos. Argos encarnaba el estado de vigilancia, de guardia perpetua..El poeta, al final, despierta de su ceguera y se autocontempla decepcionado de sí mismo.

Comentario

Leave a Reply

Debes conectarte para dejar un comentario.