Soneto IV

A la duración de un pensamiento

No sólo envidia al suelo, no envidiada
sólo en tu altiva frente de una estrella,
era ¡oh, gallarda torre, cuan bella
temida, y cuan temida respetada!

Ya ¿qué no allana el tiempo?, derribada, 5
creces llanto a Sagunto; niega vella
la hiedra, huésped que se abraza en ella,
o ella se esconde en ella, de afrentada.

No le prestó su fe su fortaleza.
Mas ¿qué homenaje deja el tiempo duro 10
que en brazos de sus alas no dé al viento?

No hay bronce que a su fuerza esté seguro.
Tú, triste, eternidad, valor, firmeza
buscas, no a bronce o torre: a un pensamiento.

Otro de los memorables sonetos escritos por este poeta del barroco.

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