Mar
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Soneto IV
A la duración de un pensamiento
No sólo envidia al suelo, no envidiada
sólo en tu altiva frente de una estrella,
era ¡oh, gallarda torre, cuan bella
temida, y cuan temida respetada!
Ya ¿qué no allana el tiempo?, derribada, 5
creces llanto a Sagunto; niega vella
la hiedra, huésped que se abraza en ella,
o ella se esconde en ella, de afrentada.
No le prestó su fe su fortaleza.
Mas ¿qué homenaje deja el tiempo duro 10
que en brazos de sus alas no dé al viento?
No hay bronce que a su fuerza esté seguro.
Tú, triste, eternidad, valor, firmeza
buscas, no a bronce o torre: a un pensamiento.
Otro de los memorables sonetos escritos por este poeta del barroco.
Mar
5
Antonio Machado, Soneto de Nuevas Canciones
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Antonio Machado, Soneto de Nuevas Canciones
Esta luz de Sevilla… Es el palacio
donde nací, con su rumor de fuente.
Mi padre, en su despacho.—La alta frente,
la breve mosca, y el bigote lacio—.
Mi padre, aun joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta;
va hacia la puerta del jardín. Pasea.
A veces habla solo, a veces canta.
Sus grandes ojos de mirar inquieto
ahora vagar parecen, sin objeto
donde puedan posar, en el vacío.
Ya escapan de su ayer a su mañana;
ya miran en el tiempo, ¡padre mío!,
piadosamente mi cabeza cana.
Antonio Machado fue un gran poeta. Algunos poetas se recuerdan como grandes por unos pocos poemas, incluso sólo por algún verso. Muchos son los poetas que sostuvieron la altura de su poesía sólo durante su juventud.
Machado es un gran poeta -como su hermano Manuel- porque hizo grandes poemas en todas las etapas de su vida.
Este soneto de Nuevas Canciones, no muy comentado es, sin embargo, uno de los poemas más intensos de Machado.
Cuando murió, en Collioure camino del exilio, encontraron entre sus riopas un papelito -incorregible Machado.con el último verso que escribió. Decía “Esta luz de Sevilla y este sol de mi infancia...”
Mar
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Luis Carrillo y Sotomayor, soneto III,Con qué ligeros pasos vas corriendo
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Luis Carrillo y Sotomayor, soneto III
¡Con qué ligeros pasos vas corriendo!
¡oh cómo te me ausentas, tiempo vano!
¡ay, de mi bien, y de mi ser tirano!
¿cómo tu altivo brazo voy siguiendo?
Detenerte pensé, pasaste huyendo, 5
te seguí, y ausentástete liviano,
te gasté a ti en buscarte, ¡oh, inhumano!
Mientras más te busqué, te fui perdiendo.
Ya conozco tu furia, ya humillado,
de tu guadaña pueblo los despojos; 10
¡oh, amargo desengaño no admitido!
Ciego viví, y al fin, desengañado,
hecho Argos de mi mal, con tristes ojos,
huir te veo, y véote perdido.
Soneto que quizá se lea de otro modo si se piensa que el poeta arrastraba una enfermedad desde la adolescencia que le llevaría a una muerte prematura. Podríamos destacar el patetismo de ” te gasté a ti en buscarte”. Y contra los que piensan que esta poesía de los Sigloas de Oro es siempre convencional, olvidando que siempre se escribe -mal o bien- dentro de una convención, observese la crudeza que puede haber tras estos dos versos esritos por un poeta de poco más de 2o años:
Ya conozco tu furia, ya humillado,
de tu guadaña pueblo los despojos;
La alusión a Argos extrae su sentido del hecho de que Argos tenía cien ojos y nunca cerraba más que la mitad de ellos. Argos encarnaba el estado de vigilancia, de guardia perpetua..El poeta, al final, despierta de su ceguera y se autocontempla decepcionado de sí mismo.
Mar
4
A las penas de amor inmortales soneto de Luis Carrillo de Sotomayor
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A las penas del amor inmortales, Luis Carrillo de Sotomayor
SONETO VIII
Hambriento desear, dulce apetito,
hambriento apetecer, dulce deseo,
detened el rigor, ¡ay!, ya, pues veo
mi negro día en vuestro enojo escrito.
Mientras con más calor os solicito 5
vuestro ardiente querer, mi dulce empleo,
por más que el bien a vuestro bien rodeo,
huye el remedio término infinito.
Sin duda moriré, pues que mis bienes
alimentan hambrientos a mis males: 10
tú, dulce apetecer, la culpa tienes.
Muriendo, de sus penas desiguales,
pecho, será imposible te enajenes:
hijos del alma son, son inmortales.
Luis Carrillo de Sotomayor fue un extraordinario poeta que lamentablemente murió muy joven. Este soberbio soneto es una muestra perfecta del gran talento que, posiblemente, hubiera completado una deslumbrante trayectoria poética de haberle respetado la muerte.
Nace en Baena (Córdoba) el año 1582 (u 85 u 86, según las fuentes) en una familia de alto linaje. Su padre era Presidente del Consejo de Hacienda. Estudió en Salamanca y a pesar de sus pocos años llega a ser nombrado Caballero de la Orden de Santiago; más tarde Comendador de la Fuente del Maestre y cuatralbo de las galeras españolas. Muy amigo del Conde de Niebla, a quien dedicó parte de sus obras, publicadas por su hermano Alonso en Madrid el año 1611. Compuso alrededor de cincuenta sonetos,una veintena de romances, letrillas, estancias, liras, dos églogas de pescadores, dieciocho canciones y la Fábula de Acis y Galatea, considerada por algunos (por otros como Dámaso Alonso, no) fuente de inspiración del Polifemo de Góngora.
La mayoría de sus sonetos son de tema amoroso, ya que en seis de sus sonetos el poeta cita el nombre de una de sus amantes como Celia, en tres como Lisi y a Laura y a Flori les dedica otro soneto.
Suele considerarse un precursor o un antecedente del culteranismo, pero lo cierto es que su hermosa poesía se expresa a menudo en una elegante construcción conceptual del poema, cercana a la estética conceptista, pero sin excesos… Quizá es que hace tiempo que ambas etiquetas necesitan una revisión. Pero lo más característico de su poesía es la sensación de autenticidad, y la impresión que se tiene, aquí y allá, de que oímos de nuevo una voz pura como la de Garcilaso milagrosamente inscrita en el contexto del barroco.
En plena juventud le sorprendió la muerte en el Puerto de Santa María en el año 1610 a causa de una enfermedaad contraída durante su adolescencia. Lloraron su temprana muerte poetas y humanistas célebres como Quevedo, Luis Tribaldo de Toledo, Francisco Cascales, Antonio de Monroy y otros.
Mar
4
Garcilaso de la Vega SONETO V
Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo:
vos sola lo escribistes; yo lo leo
tan solo que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto,
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;
cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.