La dial�ctica de Uamuno
Entre los múltiples aspectos del profundo "cambio de signo" señalado por Antonio Sánchez Barbudo en la obra unamuniana como consecuen-cia de la crisis espiritual del '97, ninguno hay más notable que el quese presenta en el contraste entre las dos primeras novelas, Paz en laguerra, publicada en el mismo año de la crisis, y Amor y pedagogía,de1902.Respecto a la segunda obra, varios críticos han subrayado su carácterde 'obra de transición' hacia la plenitud artística de las novelas y nivo-las posteriores. Para Julián Marías, la abstracción de sus personajesrepresenta la transición entre la colectividad de Paz en la guerra y laindividualidad de Niebla y Abel Sánchez. En el estudio de Juan Ló-pez Morillas sobre antagonistas y agonistas entre las criaturas de Una-muno se consideran las de Amor y pedagogía como verdaderos casosde transición entre los dos tipos; y para Geofírey Ribbans, esta no-vela "puede ser descrita casi como un primer borrador de lo esencialde Niebla", un borrador, cabe añadir, harto vacilante y estéticamentemuy inferior a la obra definitiva, según la opinión de Carlos Claveríacitada y aprobada por el mismo profesor Ribbans. Parece evidente,pues, que entre los principales estudios generales de la novelística una-muniana hay una fuerte tendencia hacia una interpretación de las ex-travagancias de Amor y pedagogía a base del concepto de 'transición'aplicado a uno u otro de sus aspectos fundamentales. La excepción másnotable, sin duda, es el importante libro de Ricardo Gullón, en que elestudio de las novelas como 'autobiografías' subraya, como es natural,la unidad de la obra total, aunque no excluye el concepto de transición.En efecto, éste es un concepto que hay que aceptar, por de prontoen un sentido cronológico muy obvio, y también como término de va-loración estética para calificar la gran diferencia técnica entre estanovela y Niebla. Creo, sin embargo, que puede ser muy provechosa ]acomparación retrospectiva entre Amor y pedagogía y la novela publi-cada cinco años antes, Paz en la guerra. En muchos respectos las dife-rencias entre las dos parecen demasiado grandes y evidentes para quese encuentre punto alguno de comparación entre las dos. Paz en laguerra-,larga, seria, histórica e intrahistórica; narrativa y descriptiva;prosa de ritmo grave y sereno; de estructura sencilla y unida; con per-649AIH. Actas III (1968). Amor y pedagogía en la dialéctica interior de Unamuno. PAUL R. OLSON -------------------------------------------------------------------------------- Page 2 650P A U LR.O L S O Nsonajes que son al mismo tiempo realistas y típicos. Amor y pedagogía:breve, amargamente cómica, hondamente temporal pero no histórica;forma narrativa casi dialogada; estructura fragmentada; personajes cari-caturescos, casi todos de nombre simbólico.Con tanta discrepancia, pues, ¿qué significado se encuentra en estaserie de contrastes? Por lo menos, éste: que desde el punto de vistafenomenológico no se puede hablar de vacilaciones en Amor y pedago.gia, ni mucho menos. Las diferencias que la distinguen de Paz en laguerra están deliberadamente exageradas, de modo que aparece en ellala antítesis completa de la primera novela, y es, por lo tanto, la anti-novela por excelencia de Unamuno.Pero hay otras diferencias cuya mayor importancia deriva del hechode que se basan en unos paralelos casi únicos en la obra del gran vasco.Entre las obras mayores son éstas las únicas con título de forma sintác-tica bimembre, pero del fondo de esta indudable semejanza se des-taca una diferencia radical. Paz en la guerra resuelve en una armo-niosa concordia la oposición de los términos opuestos, mientras que enAmor y pedagogía la aparente relación complementaria entre los dostérminos del sintagma se convierte en una antítesis profunda. En lacarta a Jiménez Ilundain del 19 de octubre de 1900, Unamuno habíadicho de su próxima novela: "Trátase de un hombre que se casa de-ductivamente para poder tener un hijo y educarlo para genio, por amora la pedagogía." Ahora bien, ya sabemos que en la versión definitivael casamiento deductivo no se realiza, y el "amor a la pedagogía" llegaa ser la expresión de una oposición radical. Otro paralelo muy impor-tante es el hecho de ser estas novelas los únicos ejemplos unamunianosdel Erziehungsroman, la presentación completa de la trayectoria vitalde uno de los personajes centrales, visto en el ambiente familiar. Ig-nacio Iturriondo, educado con un amor paternal y maternal, embebe unsentido inquebrantable del valor de esa "tradición indefinible e inde-finida" por la cual acaba entregando su vida a la violencia de la his-toria. Apolodoro Carrascal, atormentado entre los extremos del amormaternal y el intelectualismo paternal, se llena de un sentido de la alie-nación y discontinuidad que la razón analítica impone sobre el ser enel tiempo, y sólo en el suicidio encuentra alivio para su dolor.Otro contraste es el que vemos penetrando hasta las mismas raícesontológicas del pensamiento unamuniano. En Paz en la guerra se en-cuentra un equilibrio armonioso entre historia e intrahistoria, es decir,apariencia y realidad substancial. En Amor y pedagogía, apariencia ysubstancia, es decir, forma y materia, están completamente opuestas.Tal es, por lo tanto, la diferencia más fundamental de todas: la armo-AIH. Actas III (1968). Amor y pedagogía en la dialéctica interior de Unamuno. PAUL R. OLSON -------------------------------------------------------------------------------- Page 3 "AMOR Y PEDAGOGÍA" EN LA DIALÉCTICA DE UNAMUNO651nía ontológica de Paz en la guerra frente a las antítesis de Amor ypedagogía.En la segunda novela los términos forma y materia aparecen porvez primera en el discurso que se pronuncia don Avito al darse cuentade que se ha enamorado inductivamente de Marina del Valle. Pen-sando en el futuro genio, dice: "Démosle su parte de naturaleza, de ins-tinto, de inconsciencia; no hay forma sin materia. El arte, la reflexión,la conciencia, la forma lo seré yo, y ella, Marina, será la naturaleza, elinstinto, la inconsciencia, la materia." Desde este momento el narradorsigue empleando estos términos, ahora con mayúscula, para referirse ala pareja, contándonos, por ejemplo, que en la primera entrevista denovios se encienden tanto —de amor el uno y de rubor la otra— que"la Materia quema y la Forma arde". Encarnados, pues, los conceptosde Forma y Materia en dos personajes distintos, y presentados por esomismo como elementos ontológicos no sólo separables sino efectivamenteseparados, Unamuno sigue exagerando la separación hasta convertirlaen una oposición total. Mientras don Avito está procurando imponersobre su hijo una forma absolutamente ideal, la madre/Materia vasubvirtiendo la gran prueba científica. Habiendo bautizado a su hijoen secreto con el nombre cristiano de Luis, Marina le colma del afectoferoz de una mater saeva cupidinum: "—Luis, mi Luis, Luis mío, Lui-sito, mi Luisito— y se lo come a besos."Pero no es sólo en la representación personalizada y dramática don-de se expresa esta oposición. La forma se revela como antagonista de lamateria en su función de negación definidora y analítica, tanto queamenaza aniquilar completamente la realidad material. Tal es el sig-nificado de las estructuras verbales sin sentido del Ars magnacombina-toria de don Fulgencio y el del encasillado esquemático completamentevacío que aparece en el epílogo como ejemplo del tipo de razonamientocientífico de que se declara Unamuno completamente incapaz. Tal es,en fin, la razón de la aparente sinrazón de los "Apuntes para un tra-tado de cocotología" que integran la parte final de la novela, porqueel tratado es en el fondo una antropología general en la cual el hom-bre ha sido reducido, por la fuerza negativa de la razón analítica, a unapajarita de papel, un ser completamente sin substancia, pura super-ficie y pura forma.Parece, pues, bastante evidente la .relación entre esta antítesis funda-mental y el sistema unamuniano de dualismo ontológico, tan hábilmenteestudiado por Franc,ois Meyer y Carlos Blanco Aguinaga. Pero lo quees de particular interés en Amor y pedagogía es la manera en que estanovela sugiere una relación fundamental entre el contraste de imágenesAIH. Actas III (1968). Amor y pedagogía en la dialéctica interior de Unamuno. PAUL R. OLSON -------------------------------------------------------------------------------- Page 4 652P A U LR.OLSO Nde padre y madre. Y toda la serie de oposiciones que componen laontología de Unamuno: historia e intrahistoria; tiempo y eternidad;razón y fe, etc. Mucho se ha escrito acerca de los personajes femeninosde Unamuno, y Blanco Aguinaga nos ha mostrado con qué persistencialas figuras maternales y símbolos de la maternidad aparecen como metá-foras de la intrahistoria para el Unamuno contemplativo. Pero todavíapodemos preguntarnos si no habrá también un significado intrínseco,no metafórico, en estas imágenes, o si hay metáfora, cuál es el verdaderosignificado, el concepto o la personalidad.Mucho menos se ha dicho respecto al tema de la paternidad, yeso sobre todo como un aspecto más del deseo de dejar posteridad, comoen el caso de don Fulgencio. Pero convendría dedicar más atención alas relaciones concretas entre padres e hijos en la obra unamuniana.Ahora, sin embargo, lo que nos importa más que otra cosa es la antítesisde los padres mismos. El tema de la oposición de los sexos aparece casial principio de la novela, cuando Avito afirma: "En la especie huma-na, el genio ha de ser por fuerza masculino." Pero culmina en el mássocrático de los diálogos entre Carrascal y don Fulgencio, misoginistay calzonazos rematado. Llega Carrascal a presencia de don Fulgenciocuando éste medita un aforismo:—¡Nada, no acabo de resolverlo! —exclama de pronto el filósofo,rompiendo el silencio con que ha recibido a su fiel don Avito—; aforismole hay, no me cabe la menor duda, aforismo le hay, pero ¿en qué sen-tido? ¿hemos de decir que la mujer nace y el hombre se hace o viceversa,que nace el hombre y se hace la mujer? ¿es la mujer de herencia y elhombre de adaptación, o por el contrario? ¿cuál es el primitivo? ¿o sehan diferenciado de algo primitivo que no era ni hombre ni mujer?Sigue entonces una antifonía de improperios contra el sexo feme-nino en general:—Porque —continúa el filósofo volviéndose ya al chocolate— la mu-jer es remora de todo progreso...—Es la inercia, la fuerza conservadora... —agrega don Avito.—Sí, ella es la tradición, el hombre el progreso...—Es un hombre abortado...—Es el anti-sobre-hombre.El dúo se interrumpe con la entrada de la Xantippe de don Ful-gencio, doña Edelmira, quien le riñe por haberse olvidado de que tieneque ir a la casa del notario, y con esto se resuelve el dilema del filósofo:. | ||
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